2. Así como es el jefe
así serán los ministros; así como es el gobernador de una ciudad así serán sus
habitantes.
3. Un rey sin sabiduría
es la ruina de su pueblo; una ciudad prospera gracias a la inteligencia de sus
jefes.
4. Las autoridades de
un país están en las manos del Señor; él envía en el momento preciso el hombre
que conviene.
5. El éxito de quien
sea está en las manos del Señor; él reviste a los jefes de su propia autoridad.
6. No guardes rencor a
tu prójimo sea cual fuere la ofrenda; no hagas algo bajo el efecto de la
cólera.
7. El orgullo es tan
odioso al Señor como a los hombres; para él como para los demás la injusticia
es abominable.
8. Una nación pierde
el poder y lo deja en manos de otra debido a la injusticia, la violencia y la
riqueza.
9. ¿Cómo puede uno
tener tanto orgullo cuando no es más que polvo y ceniza? Ya cuando está con
buena salud, el hombre tiene la pudrición en sus tripas!
10. Que se alargue la
enfermedad, bromea el médico... el rey de hoy estará muerto mañana.
11. Una vez muerto,
el hombre no tiene ante sí más que la podredumbre, las fieras y los gusanos.
12. El comienzo de la
soberbia en el hombre es apartarse del Señor y no tomar más en cuenta a su
Creador.
13. El pecado es el
comienzo del orgullo; al perseverar en el pecado se abren de par en par las
puertas a la soberbia impía. Por eso el Señor envió a los pecadores siniestros
castigos; al último los aniquiló.
14. El Señor ha
derribado de sus tronos a príncipes, y los ha reemplazado por gente sencilla.
15. El Señor ha
arrancado de cuajo a los orgullosos y en su lugar plantó a los humildes.
16. El Señor ha
asolado tierras de paganos, las destruyó totalmente.
17. Devastó a muchos, destruyó sus naciones,
borrando su recuerdo de la tierra.
18. No fue creado el orgullo para el hombre, ni
los excesos de cólera para los que nacen de mujer.
19. ¿Cuál es la raza digna de honor? La raza
humana. ¿Cuál es la raza digna de honor? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es
despreciable? La raza humana. ¿Qué raza es despreciable? Los que violan los
mandamientos y la Ley.
20. El jefe merece el respeto de sus hermanos;
pero él respeta a los que temen al Señor.
22. Ricos, ilustres o pobres, su único orgullo
debe ser el temer al Señor.
23. No es justo despreciar a un pobre que observa
la Ley, ni
conviene glorificar a un pecador.
24. El grande, el juez y el poderoso son dignos
de honor, pero ninguno de ellos es tan grande como el que teme al Señor.
25. Un servidor inteligente tendrá por servidores
hombres libres, y las personas sensatas no tendrán nada que decir.
26. No te jactes cuando no haces más que cumplir
con tus obligaciones, ni te pongas soberbio cuando estés en apreturas.
27. Más vale ser un trabajador y vivir con
holgura que aparentar ser alguien y que te falte el pan.
28. Hijo mío, estímate con modestia, apréciate
en tu justo valor.
29. ¿Quién defenderá al que atenta contra su
propia vida? ¿Quién respetará al que se desacredita a sí mismo?
30.
A un pobre se lo estima por su sabiduría, y a un rico
por sus riquezas.
31. Si a uno lo honran siendo pobre, ¿cuánto más
cuando sea rico? Si a uno lo desprecian siendo rico, ¿cuánto más cuando sea
pobre?
CAPITULO 14
1. ¡Feliz el hombre
que no pecó con sus palabras y que no arrastra el pesar por sus faltas!
2. ¡ Feliz aquel que
no es condenado por su conciencia y que no renunció a su ideal!
3. A un hombre mezquino no le
conviene la riqueza: ¿para qué le van a dar muchos bienes a un avaro?
4. El que junta
privándose de todo, junta para otro: otros disfrutarán de sus bienes.
5. Si alguien es malo
consigo mismo, ¿para quién será bueno? Ni siquiera goza de lo que tiene.
6. No hay nadie más
malo que el que es malo consigo mismo: su maldad se vuelve contra él.
7. Si hace el bien
será por casualidad, pero al final reaparecerá su maldad.
8. El hombre que
siempre está ambicionando es un malo; no le interesan las personas, desprecia a
los demás.
9. El hombre
insaciable no está nunca satisfecho, la codicia le seca el corazón.
10. El envidioso
codicia el alimento de su prójimo; miseria y hambre se sentará a su mesa.
11. Hijo mío, haz
buen uso de todo lo que tengas, y preséntale al Señor ofrendas generosas.
12. Acuérdate que la
muerte no tardará, y que tu hora no te ha sido aún revelada.
13. Antes de morir
haz el bien a tu amigo, sé generoso según tus medios.
14. Disfruta de la
vida y no desdeñes un gusto legítimo si se te presenta en el camino.
15. ¿Dejarás a otro
el fruto de tu trabajo? Se repartirán a la suerte el fruto de tus sacrificios.
16. Da y recibe,
satisface tus anhelos, porque no se puede buscar el placer en el sepulcro.
17. Todo lo que vive
envejece como un vestido; es la ley eterna: ¡tú morirás!
18. Mira el verdor de
un árbol frondoso: unas hojas caen y otras aparecen; de igual manera las
generaciones de carne y hueso, una muere y la otra nace.
19. Las cosas finitas
pasan y con ellas pasa el que las hizo.
20. Feliz el que se
dedica a la sabiduría y puede responder al que lo interroga;
21. que hace suyos
los caminos de la sabiduría y profundiza sus secretos;
22. que sale a cazarla
y acecha su paso;
23. que mira a través
de sus ventanas y escucha a su puerta;
24. que instala su
tienda al lado de su casa y clava las estacas en sus muros.
25. Pone su tienda en
manos de la sabiduría y se queda en esa feliz morada.
26. Deja a sus hijos
bajo su protección y se tiende al abrigo de sus ramas;
27. lo protege del
calor y él se instala en su gloria.

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